Un poco de historia
Mis comienzos
Ya son más de 30 años en el mundo de la decoración.
Comencé en un estudio de decoración donde visitaba al cliente final, medía el espacio a reformar, diseñaba y desarrollaba el proyecto al completo y posteriormente, realizaba la dirección a pie de obra. Me encantaba afrontar nuevos retos en cada proyecto, estar al día de las nuevas tecnologías y materiales y participar de forma activa en la resolución de los problemas que surgían en las obras. Viajaba frecuentemente por España, Portugal y Andorra, desarrollando proyectos en el ámbito del comercio, la industria, el ocio o la vivienda.
Di el salto 7 años después y creé mi propio estudio.
Hacia la autonomía
Poco a poco, a las tareas anteriores y la administración de la empresa, le fui sumando mi cada vez más habitual participación en la ejecución de los trabajos, en cualquier área. Lo que eran meras ayudas ante algún problema en obra, se fue convirtiendo en una participación más prolongada con cualquiera de los gremios que intervenían: carpintería, ebanistería, cerrajería, aire acondicionado, electricidad, tapizados, mármol, pintura y un sinfín de trabajos diferentes.
Era un aprendizaje continuo y me fascinaba poder crear tantas cosas por mí mismo. Esto, me daba además la posibilidad de adaptar en cada momento el proyecto a las particularidades de los espacios y darle mi toque personal a los acabados finales.
Según pasaban los años, cada vez intervenían menos gremios en mis obras y con la colaboración de otra persona, prácticamente ejecutábamos todos los trabajos.
Dos pasiones combinadas
Eso dio pie a que 8 años más tarde, cerrara mi estudio y me trasladara a vivir a una zona montañosa, donde comencé a compaginar mi profesión de decorador con mi segunda pasión, la montaña.
Me formé como guía de montaña y dividía mi tiempo entre los guiados en la naturaleza y la ejecución casi absoluta de pequeñas obras y trabajos de reparación de todo tipo de objetos: restauración de muebles, electrodomésticos y pequeña maquinaría, objetos de decoración, lámparas y todo aquello que, manteniendo un valor económico o meramente sentimental, fuera susceptible de ser reparado.
En la actualidad, sigo compartiendo ambas actividades y me considero un amante de las cosas bien hechas y un «solucionador de problemas», por lo que, si lo que necesita son ideas, que tengan en cuenta sus gustos y necesidades y un trabajo respetuoso con su propiedad, puede contar conmigo. Estaré encantado de poder ayudarle.
